el arte del retoque

Consejos para retoque y fotografía de exteriores: Jardín y terraza

Fotografía de exteriores

A lo largo del año pensamos que el césped del vecino es más verde que el nuestro, pero ahora es el momento en que todos los jardines lucen bien en fotografía. La temporada primavera-verano es idónea para preparar retratos de exterior, tanto en sector inmobiliario como en decoración, catálogos de muebles y accesorios de jardín, líneas de ropa e imágenes inspiradoras. Por ese motivo este os traemos este artículo de fotografía de exteriores, como continuación de nuestra serie de fotografía de interiores.

Las flores están en su apogeo y el equipo puede trabajar al aire libre en condiciones agradables. Sin embargo, en un jardín también corremos riesgo y no podemos relajarnos sobre la técnica.

 

Las fotografías en jardines y terrazas preciosas implican escapismo y anhelos para quien las ve, y tienen una importancia vital en galerías de inmobiliarias o residencias de vacaciones para captar la atención. Las fotografías de exteriores son lo primero que se muestra y debe destacar entre otras muchas imágenes similares, como una fachada en una calle sobria. Y ese proceso de atención se produce en un segundo, lo que tarda la vista en deslizarse por encima o pasar la hoja. Tienes un segundo para mostrar un jardín en el que cualquier persona querría detenerse a tomar un té helado.

Aun así, hay que ser honesto, especialmente en función del fin de la fotografía. Si es para venta o alquiler, no se pueden eliminar o disimular tuberías, aspersores u otros elementos que afean el conjunto. Reduce su importancia pero no los elimines. Si es con un fin más artístico, camúflalos o evítalos en la composición.

En definitiva, un jardín es un espacio para jugar, pero, como siempre, dentro de ciertos límites. Aquí te proporcionamos tu equipo guía.

Los básicos

Tu cámara DSLR es esencial. Para conseguir estabilidad y abarcar un conjunto amplio, funcionan mejor las fotografías sobre trípode. Puede que quieras complementar las fotografías de espacios abiertos con algún detalle macro cámara en mano, pero la fotografía de jardín no es fotoperiodismo de naturaleza. Para hacer resaltar la zona e incluir todo lo posible, son imprescindibles los objetivos gran angular, o teleobjetivos con los que puedas conseguir el efecto de comprimir el fondo y resaltar elementos en primer plano.

Emplea aperturas mínimas para enfocar toda la imagen y conseguir una gran profundidad de campo que aporte riqueza a la escena. Si hay algo de brisa, prueba con una velocidad de obturación muy lenta para emborronar los árboles y plantas que se mecen en el fondo.

Dispara siempre en RAW; es mucho mejor para retoques posteriores, ya que en un jardín necesitas recopilar gran cantidad de detalles e información sobre colores y texturas.

Para obtener colores más nítidos y mayor definición, añade un filtro de rayos UV a la lente. También son útiles los filtros que cambian el tono general de la imagen, si quieres romper la predominancia de los verdes en esta época del año. Si prefieres ahorrarte equipo o no conoces su manejo, las tonalidades siempre se pueden alterar en digital, pero también son recomendables y útiles los filtros polarizadores que difuminen la luz intensa y realcen el cielo, las nubes y el agua de fuentes y piscinas.

Y, por último, tu aliado número uno: el parte meteorológico.

Ángulos

Prueba todos los ángulos posibles para encontrar la mejor composición y que la luz y las sombras caigan correctamente. Cambia de lugar el mobiliario, si es posible, y busca el lado más favorecedor de aquellas partes que no pueden cambiarse, como muros, trepadoras, grandes macetas o fuentes. Intentar destacar un jardín o terraza profuso y completo, con un fondo de interior para sensación de intimidad, o de exterior para una sensación de gran espacio y luz.

El formato panorámico es un favorito, aunque también querrás evitar el abigarramiento de colores y texturas que hagan parecer a un jardín excesivo o salvaje. Haz destacar uno o pocos elementos en primer plano sobre un fondo distintivo, en el que se valoran los árboles, pero evita las antenas o construcciones cercanas. Recorta también los elementos que distraen, como ramas o flores colgantes. Utiliza fondos desenfocados para resaltar elementos concretos, y añade detalles de vida, como bebidas o aperitivos, una toalla o manta, algún juguete infantil…

La regla de los tercios siempre es una apuesta segura, pero te recomendamos que arriesgues y evites el punto de vista típico humano, ya que es aburrido y lo que estamos acostumbrados a ver.

Elevación

El nivel de calle hace que los lugares parezcan menos atractivos y distorsionados. Eleva la cámara al disparar, usando un gran trípode o algo más casero como una escalera. Combina esta estrategia bajando a nivel de cintura, subiendo a balcones o azoteas desde las que fotografiar también, y conseguirás perspectivas más originales.

Más tarde se podrán corregir las posibles distorsiones de perspectiva en la fase de edición, pero cuanto más controles la composición, menos quebraderos de cabeza tendrás después.

Luz

En un jardín que, normalmente, queremos esté soleado, la luz es una bendición y, al mismo tiempo, una asignatura compleja. Controla la exposición y la medición puntual,  para centrarte en diferentes zonas y contrastar cómo cambia el conjunto, por ejemplo, según te centras en eI cielo, el fondo o algún elemento más cercano.

Las situaciones más problemáticas se darán cuando haya rangos tonales extremos, como al comienzo y al final del día, de forma que centrarte en una zona oscura haga que otra aparezca sobreexpuesta, o que enfocar una zona luminosa haga que otra permanezca casi negra. Emplea HDR para combinar tomas de distinta exposición y, a veces, mantén este contraste para un efecto más dramático, mientras la armonía de colores hace jardines más románticos. Fíjate en la naturaleza: ella dicta sus propias guías de armonía cromática.

Ventanas

Si el jardín incluye la ventana de alguna fachada, tal vez no quieras que se vean persianas, cortinas o estores de interior, pero entonces el cristal seguirá reflejando desde fuera o viéndose negro, lo que transmite una sensación inquietante.

Para evitar este contraste, puedes iluminar las ventanas encendiendo las luces en el interior y probando diferentes temperaturas de color, o incluso un flash de control remoto. En este caso, combina dos tomas: una centrada en la luminosidad de las ventanas y otra sobre el exterior, para unirlas más tarde en Photoshop.

Lo mejor es intentar que las ventanas no llamen la atención ni tengan protagonismo. Puedes disimularlas llenando el alféizar de maceteros y flores, o cerrando las contraventanas. También hay trucos de retoque, como seleccionar las ventanas oscuras y cambiar su opacidad, añadiendo un filtro realista.

Seguir el sol

El sol siempre debe estar detrás del fotógrafo, incluso en días nublados, como el gran foco de iluminación de la escena. Por desgracia, esta gran lámpara gratuita no es controlable y en exteriores es imprescindible adaptarse a ella.

Para esto, averigua de antemano a qué horas estará el sol en su cenit y en los ángulos más desfavorecedores para tu espacio. Existen páginas web y aplicaciones móviles que te ayudan a calcularlo y que detallan el ángulo de la luz solar en una situación geográfica, como LightTrac, e incluso también de la luna, si te atreves con fotografía nocturna, y avisos sobre la hora exacta del amanecer y  el atardecer.

Si según la ubicación del jardín éste nunca recibe luz directa, recurre a complementos artificiales o a la hora más intensa del día. Haz muchas pruebas antes de decidir la sesión definitiva, ya que cada hora cambia el efecto e impresión sobre la escena.

El césped más verde y el cielo más azul

Son los grandes protagonistas del verano y de cualquier jardín. Destácalos todo lo posible y no te preocupes si el día señalado el cielo resulta demasiado blanquecino o los reflejos de la hierba parecen amarillentos.

Para el cielo, puedes emplear el cielo de tu escena, oscureciéndolo si es muy pálido y jugando con la saturación y la luminancia del azul en la fase de edición. Otra alternativa consiste en sustituirlo por otro cielo fotografiado en una zona más favorecedora, quizá con nubes artísticas, algo que requiere un poco más de pericia en la fase de retoque.

Al afrontar el césped, en primer lugar evita composiciones que contengan sombras o reflejos distractivos. La vegetación es tu modelo estrella, trátalo como tal: una limpieza previa y profunda de malas hierbas, suciedad, tierra suelta, ramitas o flores secas. No lo confíes todo a la fase de retoque porque, al haber tantas texturas y gradientes de color combinados, el trabajo sería larguísimo e infernal.

Pasa una manguera por baldosas, muros y paredes, y espera a que se sequen o actúa enseguida si te gusta el efecto de gotas de rocío, que añade miles de reflejos a escena. Si hay piscina, estanque o fuente, deben estar llenas sin que nada intrusivo flote en su superficie, para servir de reflejo al azul del cielo. Las piscinas y céspedes con cielo gris no destacan y transmiten una imagen apagada.

Por último, añade en Photoshop una máscara que potencia el tinte verde del césped y rellena los parches o áreas más secas (siempre y cuando no estés alterando el aspecto real de una casa para la venta o alquiler).

Condiciones extremas: Lluvia y sol radiante

La mejor época para fotografiar un jardín es la primavera. No obstante, el tiempo se enfrenta a dos extremos (y a veces en una misma jornada): el sol directo y excesivo que crea sombras exageradas, y las nubes perfectas por servir de difusor natural, pero con las que hay que vigilar constantemente el balance de blancos.

La lluvia no debería frenar tu sesión de fotos, es más, el cielo nublado potencia aún más los colores. Simplemente protege tu equipo del agua con una capucha para el objetivo o una sombrilla adaptada (venden específicas, o una de gold). Eso sí, evítala en días ventosos para que no vuelque el trípode.

Estos componentes también son útiles para proteger tu equipo de los rayos de sol,. Sírvete de reflectores manuales o de filtros polarizadores más potentes, aunque implican mayor inversión económica. Usa disparo por control remoto para evitar desequilibrar la cámara y vigilar el monitor desde una zona protegida del agua o del exceso de luz.

También puedes arriesgar y fotografiar bajo el sol, pero nunca frente a él, y conseguirás efectos cinematográficos de rayos que caen directamente en el jardín.

 La hora mágica

Es un momento codiciado por los fotógrafos y que hace suspirar a quien ve las imágenes de un jardín. Por supuesto, como sabe cualquier fotógrafo, es también el instante que requiere más pericia. Sin embargo, en este caso no es un capricho de estilo, pues en verano los mejores efectos se consiguen cuando el sol está bajo: al amanecer o al atardecer.

El tiempo de acción es limitado, entre quince minutos antes y quince minutos después de cada uno. Esto implica que sólo dispones de cuatro oportunidades al día, un total de una hora.

El amanecer es más sencillo; basta con madrugar y actuar rápido para captar cómo avanza la luz, aunque también te supone tener preparada con antelación la escena. Al atardecer, enciende todas las luces del interior y las luces de exterior en farolillos, muros, piscinas y jacuzzis, para añadir un efecto halo. Si no hay suficiente iluminación artificial o quieres tener más control sobre ella, añade flashes que puedas manejar a distancia. El trípode es imprescindible en estas tomas, y para reducir el ruido en la imagen utiliza una ISO baja.

En la fase de edición, recorta las farolas de exterior si aparecen en el marco, porque son puntos de brillo que queman la zona y captan demasiada atención. Experimenta con el contraste para conseguir escenas más íntimas, con bombillas cálidas, o más dramáticas con nubes rojizas y cielo púrpura. Si te luces con unas fotografías de jardín en el crepúsculo, habrás conseguido la magia de una escena con la que soñar durante todo el año.

 

 

 

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